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  Los bebés tienen la capacidad de desarrollar al máximo sus posibilidades neuronales, sensitivas, psicológicas y motrices. Cada persona nace con unas características determinadas y con unas capacidades determinadas. En los primeros 2-3 años de nuestra vida tenemos la capacidad de poder poner a punto nuestro cuerpo para que podamos desarrollar al máximo esas capacidades.

     Imaginemos que al nacer cada uno tenemos un vaso con una capacidad mayor o menor. Esto depende de nuestra herencia. Pero que ese vaso se llene completamente o se quede a medias va a depender en gran parte de cómo discurran nuestros primeros años de vida. Por tanto podemos nacer con unas determinadas capacidades pero no desarrollarlas plenamente.

¿Cómo podemos conseguir que nuestro bebé desarrolle plenamente sus capacidades durante estos primeros años?

¿Cómo puede ser que un bebé que acaba de nacer tenga tensiones?

El parto es un proceso muy duro para el bebé. Su cuerpo sufre muchas presiones y esto le crea tensiones. El uso de fórceps o kiwi (ventosa), un parto muy lento o cesárea afectan directamente a la presión que sufre el bebé. Estas tensiones limitarán su desarrollo neuro-senso-psicomotriz.

Estas tensiones también pueden hacer que el bebé tenga cólicos, esté irritable, tenga dificultades para succionar, tenga tortícolis, plagiocefalia, etc.

¿Cómo podemos ayudar a nuestro bebé a liberar estas tensiones?

¿Cuándo acudir al osteópata?

        Como ya hemos comentado, lo ideal es llevar al bebé al osteópata al poco de nacer. Una vez la madre y el bebé ya se han recuperado del esfuerzo que supone el parto y se ven con ánimos de salir a la calle, es el momento de llevarlo. El/la profesional nos indicará si hay alguna tensión que tenga que tratarse. Luego hay etapas en las que nuestro cuerpo sufre cambios y es más relevante llevar un control de los mismos. A los tres meses hay un cambio en la forma de lactar, el bebé mama más rápido. A los 6 meses hay un cambio en la alimentación del bebé y pronto aparecerá el gateo. Al año el gateo ya está instaurado (casi siempre) y se puede valorar para que sea el adecuado. A los dos años ya tienen todos los dientes y caminan de pie. A los 4 años hay un cambio en la forma de colocar las piernas y empiezan a caerse los dientes (no en todos). A los 7 años cambia de nuevo la forma de colocar las piernas y están los primeros dientes de la dentadura adulta. A los 12 años se inicia un cambio puberal y ya están casi todos los dientes fuera. En las niñas además esa edad es importante porque pronto aparecerá la menstruación. En esta etapa hay cambios muy rápidos en poco tiempo, en las chicas. Luego al final del crecimiento, tanto en chicos como en chicas hay que valorar que mantengan un buen equilibrio estructural y que su cuerpo esté libre de tensiones para afrontar la etapa adulta.

        En estas etapas es recomendable acudir al osteópata a modo de revisión. Pero en caso de tener alguna dificultad, la osteopatía puede ayudar a solucionar ese problema

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